Un fuerte terremoto de 7.2 grados en la escala de Richter, seguido de una réplica de 7.5 grados, ha devastado partes de Venezuela, dejando un saldo devastador de 235 fallecidos confirmados y 4300 heridos. Los hospitales del sistema de salud colapsaron ante la magnitud de la tragedia, y cientos de miles de personas están desaparecidas o incomunicadas.
La situación en las zonas afectadas es crítica. Las réplicas continúan y la infraestructura del país, ya deteriorada, ha sufrido daños catastróficos. Rescatistas improvisados, a menudo sin el equipo básico como linternas, trabajan arduamente entre los escombros en busca de sobrevivientes. La falta de recursos y la precariedad del sistema de salud y de infraestructura vial dificultan enormemente las labores de rescate y atención a los heridos.
El periodista Ayrton Monsalve, desde Caracas, relató la angustia de las familias que buscan desesperadamente a sus seres queridos bajo los escombros. La falta de comunicaciones, las rutas destruidas y la escasez de recursos básicos como linternas y maquinaria pesada complican aún más la situación, evidenciando la incapacidad del Estado venezolano para gestionar una catástrofe de esta magnitud.