Se reflexiona sobre la fiesta de San Pedro y San Pablo, destacando sus personalidades contrastantes: Pedro, un campesino y pescador de gran fe pero propenso a errores; y Pablo, un intelectual que inicialmente persiguió a los cristianos hasta su conversión en el camino a Damasco.
Ambos, a pesar de sus diferencias, fueron figuras clave en la evangelización de la Iglesia, Pedro con los judíos y Pablo con los gentiles, y ambos murieron mártires en Roma. La Iglesia los recuerda como los grandes mártires fundadores de la misma.
Se aborda la figura del Papa Francisco, señalando que, aunque es argentino, es menos comprendido en su país debido a la "grieta" sociopolítica. Se sugiere que el Papa evita caer en la grieta para no agrandarla, manteniendo su propio discurso.
Se concluye con una oración por el Papa y una bendición, mencionando el 29 de junio como día del Papa, fiesta de San Pedro y San Pablo.