Nicanor compartió su perspectiva sobre la fe y la superación de las adversidades, citando Romanos 8:18. Explicó que considera que los malos momentos son necesarios para poder valorar y encontrar la felicidad en los buenos. Relató que, si bien él no sufrió tanto directamente cuando era niño, su familia atravesó una situación muy difícil mientras él estaba enfermo, lo que generó un gran impacto en ellos.
También describió su adolescencia como un período de introspección y malestar personal, donde no se sentía feliz. Fue en ese momento que sus amigos jugaron un papel crucial, ayudándolo a "elevarse" y encontrar mayor tranquilidad. Nicanor considera que estas experiencias, tanto las difíciles como las de apoyo, son parte de una enseñanza vital que lo ha llevado a valorar la resiliencia y la importancia de las relaciones personales.