Se relata un encuentro con la madre de Nacho Faín, Mariela, en el marco de una conversación sobre "mujeres empoderadas".
Mariela describió su reacción ante la pasión de su hijo por las carreras: primero miedo, pero luego un apoyo incondicional, convirtiéndose en su fan número uno. Se la vio junto a una "hinchada" con "gorritas rosas", siendo la única disposición a hablar con la prensa.
Se destacó la tranquilidad de Nacho Faín antes de la clasificación, a pesar de su competitividad, y se mencionó que su madre lo apoya incondicionalmente desde los nueve años, cuando él decidió ser piloto.