Ser lleno del Espíritu Santo no garantiza la manifestación de señales milagrosas o el hablar en lenguas. Juan el Bautista, Zacarías y Elizabeth, llenos del Espíritu, no hablaron en lenguas ni hicieron milagros.
La clave no es cuánto Espíritu tenemos, sino cuánto de nosotros tiene el Espíritu Santo. La vida cristiana normal debe ser caracterizada por la llenura del Espíritu, lo que implica someternos completamente a Él y no a Satanás.