Se reitera la importancia de respetar las barreras de los pasos a nivel y las señales sonoras, independientemente de su funcionamiento. La anticipación con la que bajan las barreras está destinada a resguardar vidas ante el paso del tren.
En el caso de Ernestina Páez, se enfatiza que el tren tocaba bocina y las campanas sonaban, indicando claramente el peligro. A pesar de las versiones sobre el funcionamiento de las barreras, cruzar con ellas bajas se considera una maniobra imprudente y temeraria.
Se recuerda que la víctima tenía la licencia de conducir inhabilitada hasta 2027 tras un incidente previo, pero continuaba manejando. La combinación de imprudencia y la inhabilitación para conducir agrava la tragedia.