Se generó un debate sobre la personalidad y el trato de los entrenadores de fútbol con la prensa, a raíz de un posible cambio en la actitud de Bielsa y la evasión de Scaloni a las preguntas.
Se cuestionó la dificultad de dialogar con personas que no miran a los ojos y se planteó si esto se relaciona con la soberbia o con la presión de quedar eliminado de un mundial, como en el caso de Scaloni.
Se mencionó que los equipos y los organizadores cobran por estas interacciones, y que la falta de respuesta o la actitud de superioridad pueden ser una falta de respeto hacia los periodistas.
Se sugirió que si un entrenador no está a gusto con el sistema de entrevistas, tiene la opción de no darlas o de retirarse del sistema.