Leandro relata su pasado de adicciones a las drogas y la delincuencia, llegando a estar detenido y sintiendo que no tenía solución.
Tras ser invitado por su familia a la Iglesia Universal, decidió cambiar y poner a Dios en primer lugar, ofrendando sus "primicias". A partir de esa decisión, su vida se transformó radicalmente.
Hoy, Leandro tiene un matrimonio feliz, un puesto de comida, trabaja como electricista y plomero, y siente que el Espíritu Santo le da dirección. Afirma que honrar a Dios con sus primicias le trajo sabiduría, oportunidades y restauró su vida.