Los constantes apagones en Venezuela, producto del deterioro de las redes eléctricas, complican significativamente las labores de rescate tras los recientes terremotos. La falta de energía eléctrica dificulta las tareas de búsqueda de sobrevivientes en edificios colapsados, obligando a depender de fuentes de luz limitadas como linternas.
Esta situación se agrava por las fallas de energía que también afectan el transporte, ralentizando el desplazamiento de los rescatistas. El contexto se asemeja a lo ocurrido en Haití tras su terremoto, un país con una economía precaria que también enfrentó dificultades logísticas y de infraestructura para la atención de la catástrofe.