Un potente sismo de magnitud 7.2, seguido de uno de 7.5, azotó Venezuela, causando el colapso de numerosos edificios y dejando un saldo trágico. El primer movimiento telúrico tuvo lugar a unos 20 kilómetros de profundidad, generando gran destrucción. Posteriormente, un segundo sismo de mayor magnitud intensificó el caos.
Las réplicas, algunas superando los 5 grados, se han hecho sentir, y aunque inicialmente se emitió una alerta de tsunami que luego fue desestimada, el mar se mantuvo agitado frente a las costas venezolanas.