El segundo sismo en Venezuela tuvo una magnitud de 7.5, el más intenso desde 1900. La catástrofe revive la memoria del deslave de Vargas de 1999, que dejó miles de muertos. La crítica apunta a la infraestructura precaria y la falta de mantenimiento en las construcciones, así como a la ausencia de protocolos antisísmicos a pesar de la alta actividad sísmica del país.
Desde 2001, Venezuela ha registrado 23 sismos de magnitud considerable y 97 a lo largo de su historia. Se señala que los edificios sin construcción antisísmica colapsaron, a diferencia de aquellos que sí contaban con ella, aunque en menor número.
Ingenieros civiles especialistas indican que un edificio puede soportar magnitudes de hasta 7.5 o más si se construye con previsiones. En La Guaira, se contabilizaron 100 edificios colapsados.