Se menciona el ejemplo de Isaac, quien sembró y cosechó cien veces más porque el Señor estaba con él y lo bendijo. La obediencia activa la unción de la multiplicación, haciendo que lo estéril se vuelva productivo y el desierto un vergel o incluso un bosque.
Se anima a recibir esta palabra de multiplicación, donde los campos fértiles darán abundancia de cosecha. Se reitera que la unción de la productividad y la bendición se activa al caminar en obediencia y en la presencia del Señor.