Un hombre relató su dura experiencia de vida, marcada por severas adicciones y el diagnóstico de HIV.
Detalló cómo llegó a consumir diversas sustancias como alcohol, cigarrillo, marihuana, cocaína, ácido y pastillas, además de luchar contra la pornografía y visitar "la casa de los espíritus". Económicamente, se vio envuelto en deudas tras ser estafado, lo que lo dejó sin sustento a pesar de ser el pilar económico de su familia.
El punto más bajo de su vida fue recibir el diagnóstico positivo de HIV, lo que lo sumió en una profunda depresión, con pérdida de peso, debilidad y llanto constante. A pesar de su sufrimiento, intentó ocultar su estado a sus seres queridos, solo compartiéndolo con su padre, quien lo alentaba.
Tras un tiempo de lucha, un familiar lo invitó a la Iglesia Universal, donde experimentó un cambio radical. Sus resultados de HIV pasaron de positivo a no reactivo, y sus adicciones desaparecieron. Hoy, es comerciante, tiene su propio negocio y fábrica, y se considera un hombre sano y feliz, atribuyendo su transformación a la fe.