Se explora la idea de ser "llenos del Espíritu Santo" y cómo esto se diferencia de estar lleno de engaño o maldad, como en el caso de personajes bíblicos que permitieron que Satanás llenara sus corazones.
Se presenta una evidencia clave de estar lleno del Espíritu: manifestar los "frutos del Espíritu" como amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Se contrasta esto con la perversión y el odio que caracterizan a quienes no están llenos de Dios.
Se reitera la importancia de la palabra de Dios, ya que el Espíritu Santo es quien la inspiró, y la resistencia a la palabra es resistencia al Espíritu. Se recomienda ser llenos del Espíritu y revestirse de Jesucristo, en lugar de satisfacer los malos deseos de la carne.