Se cita Isaías 32:15 para ilustrar que cuando el espíritu de lo alto se derrama, el desierto se convierte en campo fértil y las cosechas son abundantes. Esto aplica tanto al trabajo como al ministerio.
Se contrasta el trabajo estéril realizado en la carne, que produce pocos resultados y no es duradero, con el trabajo en el espíritu, que activa la bendición y la unción de la multiplicación. Se enfatiza que para que la vida sea fructífera, es necesario operar en el espíritu y trabajar bajo la guía, presencia y poder del Espíritu Santo.