Vivian Perroni se dirige al hijo de Ernestina Pais, Benicio, tras la trágica muerte de su madre. Le expresa sus condolencias y le dice que su madre nunca quiso causarle dolor ni dejarlo solo.
Perroni aconseja a Benicio que intente transformar su dolor en algo positivo para su vida, enfatizando que la decisión de cómo afrontarlo recae en él. A pesar de las adversidades, resalta la belleza de la vida y la importancia de encontrarle un sentido.