Se aborda el cuarto bautismo bíblico: el de sufrimiento. Jesús mismo se refirió a sus padecimientos como un "terrible bautismo de sufrimiento", refiriéndose a la agonía en Getsemaní y la crucifixión.
Este bautismo implicó ser sumergido en aflicción, tal como lo relatan los evangelistas. Jesús experimentó una profunda tristeza y agonía, llegando a sudar gotas de sangre. Sus discípulos también fueron bautizados en sufrimiento por servir al Señor.