En uno de los centros de acopio, una señora expresó su preocupación no solo por su vivienda, sino por personas que se niegan a abandonarla a pesar del riesgo. Mencionó el caso de una amiga con ocho gatos que no quiere dejarlos, y su familiar no los acepta, lo que la mantiene en su casa.
Existen familias enteras en la calle y resguardadas en parques. La reparación de infraestructuras es incierta y, en algunos casos, los edificios no podrán ser habitables nuevamente, lo que agrava la situación de los damnificados.