Se explica que las réplicas de un terremoto, aunque de menor magnitud, pueden dañar estructuras ya comprometidas y provocar nuevos colapsos. Sin embargo, el principal problema a mediano plazo no serán las réplicas, sino la crisis humanitaria derivada de la falta de agua, las infecciones y los cuerpos bajo los escombros.
Se compara la situación con casos como el de Haití en 2010 y Turquía, donde las crisis sanitarias posteriores a los sismos causaron un número elevado de muertes, superando las causadas directamente por los temblores. Se advierte que en Venezuela podría ocurrir algo similar.