En Fort Worth, Texas, los cronistas conversan con un vendedor de sombreros sobre la clientela argentina. Se menciona que los argentinos son compradores frecuentes y gastadores, adquiriendo estos sombreros característicos.
El vendedor explica que los sombreros se hacen a medida y se bromea sobre el tamaño de las cabezas. La conversación deriva en comentarios sobre el costo de los sombreros y la posibilidad de cortarle la cabeza a uno si no queda bien, en un tono humorístico.