Las grietas que se abrieron en el suelo durante el terremoto en Venezuela representan un grave peligro para la población y la circulación. Una vecina advirtió a sus congéneres sobre las fisuras que se expandían, pero la falta de un lugar seguro y la desorientación dificultaron la evacuación.
Las rutas también se vieron afectadas, con rajaduras que impedían el tránsito de vehículos. Muchos conductores se vieron obligados a desviarse hacia las banquinas, arriesgándose a caer en las grietas. La situación se tornó aún más compleja para los camiones y colectivos de gran porte, que quedaron varados en el camino.