Se planteó la posibilidad de tener una comunión íntima con el Espíritu Santo, similar a la que tenía el apóstol Pablo, destacando que Dios no tiene favoritos.
Se enfatizó que alcanzar esta intimidad requiere un deseo profundo y la disposición a sacrificar cualquier cosa para obtener ese privilegio, lo cual implica un precio que no todos están dispuestos a pagar.
Se describió el proceso de "sudar la camiseta" espiritualmente, a través del lugar secreto, caminatas de oración y vigilias, como el camino para acercarse al Espíritu Santo.
Se concluyó que, aunque la comunión con el Espíritu Santo es accesible, requiere esfuerzo, trabajo y la disposición a pagar el precio necesario.