Expertos explican que, si bien la tecnología en ingeniería sísmica ha avanzado, la naturaleza destructiva de terremotos como el ocurrido en Venezuela presenta desafíos inherentes a la construcción y la resistencia de las estructuras.
Se detalla que la filosofía del diseño sismoresistente clásico busca que las estructuras, aunque puedan dañarse, se mantengan en pie para salvar vidas. Sin embargo, el daño está implícito en este diseño. La vulnerabilidad de los edificios puede deberse a diversos factores, incluyendo la concepción, ejecución, materiales y mantenimiento, así como a teorías sismoresistentes obsoletas utilizadas en construcciones antiguas.
Se compara la situación con otros terremotos devastadores en países desarrollados, como Kobe en Japón o Christchurch en Nueva Zelanda, para ilustrar que incluso con alta tecnología, el daño estructural a gran escala es difícil de evitar por completo. La combinación de la magnitud del sismo, la superficialidad de la falla, la duración y la amplificación de ondas, junto con las condiciones del suelo, contribuyen a la destructividad.