Se cuestionó la influencia del dinero y el marketing en el fútbol, especialmente en el contexto del Mundial. Se denunciaron problemas con la compra de entradas, cuyos precios alcanzaron cifras exorbitantes, y se criticó la gestión de la FIFA bajo la presidencia de Infantino.
La FIFA, a través de Infantino, ha sido acusada de priorizar los intereses económicos sobre lo deportivo, como lo demuestra la polémica decisión de otorgar un premio de paz a Donald Trump en medio de un conflicto bélico. Además, se criticó la cercanía de Infantino con figuras controvertidas y su aparente falta de imparcialidad.
La situación de los aficionados que viajan para ver los partidos también fue abordada, evidenciando las dificultades logísticas y económicas que enfrentan. La falta de descanso y las condiciones precarias de alojamiento contrastan con el lujo y la opulencia de los directivos del fútbol.