Un sermón basado en el Salmo 112 enfatiza que la bendición familiar comienza con un hombre o mujer que honra y teme al Señor, obedeciendo sus mandamientos.
Se detallan varias promesas divinas para quienes siguen este camino: una descendencia exitosa, un hogar lleno de luz, sabiduría, protección contra el mal, ausencia de temor a malas noticias, éxito permanente, influencia y honor.
Se contrasta la falta de bendición en algunas familias con la promesa de Dios de que todas las familias de la tierra serán bendecidas si se adaptan al "modelo original" de obediencia.