La tragedia en Venezuela, exacerbada por el terremoto, expone la precariedad del Estado, producto de las falencias, miserias y corrupción de sus dirigentes. Se critica duramente a la dirigencia venezolana por dejar al país en esta situación, a pesar de ser una nación rica y con gente extraordinaria.
Se enfatiza que la corrupción mata y que la situación actual es una demostración más de la ineficiencia y la mala gestión de quienes han estado al mando. La falta de preparación del Estado para enfrentar catástrofes se hace evidente, contrastando con la bondad de su gente y sus recursos naturales.