El alto precio de la carne vacuna ha llevado a los argentinos a modificar sus hábitos de consumo. La mayoría de las personas consultadas en la calle afirmaron consumir carne vacuna solo dos veces por semana, optando por pollo y cerdo como alternativas más económicas.
Los consumidores buscan maximizar el rendimiento de sus compras, priorizando cortes como carne picada para empanadas o pastel de papa. El lechón y el cerdo se presentan como opciones más accesibles en comparación con la carne de vaca. La gente compra según lo que puede, a veces solo lo suficiente para un nieto.