Se planteó una analogía con el precio del tomate para ilustrar cómo la falta de unidad en los argentinos afecta la dinámica del consumo y los precios.
Señaló que, a diferencia de otros países donde la suba de precios puede llevar a una disminución del consumo y, por ende, a una baja de los mismos, en Argentina se tiende a aceptar los aumentos.
Esta falta de reacción colectiva, según el entrevistado, impide que el mercado funcione de manera más equitativa.