Se cuestiona la falta de un sistema de alerta sísmica efectivo en Venezuela y la tardía reacción de las autoridades. Nakari menciona que algunos teléfonos Android emitieron alertas, pero no hubo un pronunciamiento oficial oportuno.
Se atribuye la situación a la falta de comunicación, organización y preparación a nivel nacional. La gente actuó por instinto de supervivencia, sin directrices claras sobre cómo reaccionar ante un sismo de tal magnitud.
Se aborda la problemática de la contención de las personas que perdieron sus viviendas. Se menciona que, si bien existen centros de asistencia, la infraestructura es precaria y la gente se aloja en galpones, salones de fiesta o casas de familiares.
La ausencia de ayuda estatal directa y presencial para los damnificados es una preocupación, así como la incertidumbre sobre el futuro a largo plazo. La situación de los niños separados de sus padres y la falta de servicios básicos como electricidad e internet agravan la crisis.