La comunidad de San Francisco Solano expresa su indignación y miedo por la creciente inseguridad tras el asesinato de Lautaro Servín. Los vecinos exigen justicia y critican la falta de protección, señalando que hasta para ir al colegio los jóvenes necesitan ir acompañados. Se destaca la impotencia ante la violencia y la sensación de que la vida no tiene valor.
La situación es descrita como un "horror" y una "vergüenza", con la preocupación latente de que la delincuencia afecta a todos, incluso a quienes solo intentan estudiar o trabajar. Se reclama un accionar urgente de las autoridades para garantizar la seguridad.