El reciente terremoto en Venezuela ocurre en un contexto de profunda precariedad de infraestructura, con graves problemas de energía, desabastecimiento de alimentos y un sistema de salud deteriorado.
La falta de servicios básicos y la escasez de recursos, preexistentes a la catástrofe natural, plantean un enorme desafío para la atención de la emergencia y la recuperación.
Se destaca la situación de estados como El Vigía, epicentro del sismo, que ya sufría cortes prolongados de electricidad, lo que agrava la crisis actual.