Se desató una fuerte interna en el oficialismo respecto a la citación del jefe de gabinete, Manuel Adorni, al Senado. Inicialmente, Patricia Bullrich había acordado con sectores dialoguistas que Adorni no asistiría el 2 de julio, argumentando que no había preguntas y que sería una "carnicería". Sin embargo, Manuel Adorni emitió un tweet afirmando su disposición a presentarse, amparado por el artículo 101 de la Constitución Nacional.
Esta contradicción generó tensiones. Mientras Bullrich buscaba evitar la interpelación, Adorni se aferraba a su deber constitucional. La oposición, por su parte, busca forzar la comparecencia de Adorni, argumentando que su ausencia podría configurar incumplimiento de deberes de funcionario público. La situación se complica por la falta de acuerdos para obtener los dos tercios necesarios para la interpelación.
En Diputados, la Cámara sesiona para tratar el RIGI y otros temas, mientras se reaviva el debate sobre Adorni. Maximiliano Ferraro, de la Coalición Cívica, impulsó una moción para que se dictamine sobre la interpelación, obteniendo el acompañamiento del PRO, lo que indica una presión sobre el oficialismo. A pesar de las diferencias internas, la oposición busca mantener la agenda de interpelación.
La interna entre Bullrich y Adorni expone las fisuras dentro del oficialismo y la puja de poder. Mientras Bullrich intenta imponer su agenda en el Senado, Adorni se defiende desde su rol constitucional. El futuro de la interpelación y la posible continuidad de Adorni en su cargo permanecen inciertos, en medio de un contexto de alta tensión política.