La morosidad en los créditos personales y tarjetas de crédito se ha convertido en una preocupación creciente para los bancos, dificultando la concesión de nuevos préstamos.
Los préstamos personales lideran la morosidad con un histórico del 14,9%, seguidos por las tarjetas de crédito con un 12,5%. Incluso los créditos hipotecarios, tradicionalmente más estables, han visto un aumento, situándose en 1,5%.
Este endeudamiento, que muchos hogares recurrieron para superar dificultades económicas, se ha vuelto insostenible debido al rápido aumento de las tasas de interés, difiriendo los pagos y acumulando deudas significativas.