Se reflexiona sobre la actitud de los acusados frente a la justicia, señalando que los inocentes suelen defenderse activamente buscando limpiar su nombre.
Se contrasta esta actitud con la de aquellos que, al parecer, no tienen cómo defenderse, lo que genera dudas sobre su inocencia. Se menciona que esta falta de defensa activa es una constante observada a lo largo de 30 años cubriendo casos judiciales.