Se diferencia el Antiguo Testamento, un pacto entre Dios e Israel, del Nuevo Testamento, una alianza entre Dios y aquellos que por la fe se han convertido en hijos de Dios, sellada con la sangre de Cristo.
Se afirma que Cristo es el fin de ese pacto y de la ley. El Nuevo Testamento establece una nueva alianza entre Dios y su pueblo, sellada con la sangre de Cristo, quien la instituyó al decir "esta copa es mi sangre".