Se distingue entre "tener el Espíritu Santo" y "ser llenos del Espíritu Santo". Mientras que todos los hijos de Dios poseen el Espíritu, Pablo exhorta a los cristianos a ser llenos de Él. La importancia de esta llenura es tal que Jesús instruyó a sus discípulos a no predicar hasta haber sido investidos con el poder del Espíritu Santo.
Jesús les ordenó ir y predicar el Evangelio, pero permanecer en Jerusalén hasta recibir ese poder. La Gran Comisión incluía tanto ir como quedarse para ser capacitados. Se enfatiza que ir sin la unción del Espíritu Santo aseguraría la derrota, haciendo del Pentecostés una preparación esencial para el ministerio.