La infraestructura en Venezuela se encuentra gravemente debilitada, consecuencia directa de años de desidia económica y falta de mantenimiento. Esta precaria condición se agrava con la llegada de fenómenos naturales como el reciente terremoto.
La escasez de nuevas construcciones y el deterioro de las existentes plantean un panorama sombrío para la recuperación del país, que ya venía mostrando signos de una posible mejora antes de esta nueva catástrofe.