A partir del siglo XIX, criollos enviados por el Estado Nacional argentino comenzaron a establecerse en la Isla de los Estados para afirmar la soberanía. Luis Bernet, gobernador de Malvinas, instaló una factoría de lobos marinos en Puerto Basil Hall (antiguamente Antigua Logería).
Tras la toma de las Malvinas por los ingleses, Bernet fue expulsado y la actividad quedó en manos de otros loberos. La isla, aunque con presencia argentina, carecía de control efectivo sobre la cacería.