Se distinguen dos tipos de sufrimiento: el derivado de la disciplina divina en el desierto y el que proviene del pecado.
El sufrimiento en el desierto es un proceso de corrección y formación por parte de Dios, durante el cual la comunión con Él se mantiene y los cielos no se cierran.
En contraste, el sufrimiento por pecado resulta en cielos cerrados, ausencia de comunión y falta de respuesta divina, como le ocurrió a Saúl.