Se debate si la pérdida de la carrera política de un funcionario por un escándalo es suficiente castigo, contrastando con la situación de quienes, como Isabel Ruán, enfrentaron consecuencias más severas. Se señala que, a pesar de los escándalos, algunos continúan nadando en millones sin enfrentar la justicia.
El ciudadano común exige que la justicia actúe de manera rigurosa y pareja, aplicando el pacto social de manera equitativa. La percepción es que la falta de condenas y el aparente enriquecimiento ilícito generan desconfianza y frustración.