Tras la salida efectiva del Reino Unido de la UE en 2020, el país ha enfrentado múltiples crisis globales como la pandemia, la guerra en Ucrania y la inflación, dificultando la evaluación precisa del impacto exclusivo del Brexit. Sin embargo, se observa un crecimiento económico menor al esperado y un PIB per cápita inferior al de otros países europeos.
Indicadores como la reducción de estudiantes y trabajadores europeos, y el aumento de la inmigración extracomunitaria, contradicen uno de los objetivos del Brexit. Los trámites aduaneros y comerciales se han complicado, afectando negativamente las exportaciones británicas de bienes y servicios, a pesar de un aumento en las exportaciones de servicios.
Si bien el balance económico general del Brexit es cuestionable, la dificultad para aislar sus efectos de otros eventos globales impide conclusiones definitivas. La percepción pública sobre el Brexit también ha evolucionado, con parte de la población reconociendo que pudo no haber sido la mejor opción.