El fenómeno del biohacking, que busca ralentizar o detener el envejecimiento mediante tecnología, tratamientos invasivos y cambios en dietas y rutinas, ha ganado popularidad entre millonarios de Silicon Valley.
Prácticas como la infusión de sangre de jóvenes y el monitoreo constante de signos vitales plantean dilemas sobre la bioética y la búsqueda de la longevidad extrema.
El caso de Brian Johnson, quien llevó al extremo su rutina de longevidad con transfusiones de sangre de su hijo, se volvió viral, aunque posteriormente suspendió el tratamiento por falta de beneficios clínicos evidentes.