Se critica a la dirigencia política por su desconexión con la realidad de la sociedad y por mantener un sistema de corrupción profundo. Se señala que la dirigencia se parece bastante, mencionando un parecido estético entre Manuel Adorni y Bettina Anceletti.
Se hace hincapié en la impunidad con la que actúan, especialmente cuando la sociedad atraviesa privaciones, y cómo esto beneficia a figuras como Milei y al "mileísmo sin Milei".