La tendencia del biohacking enfrenta múltiples críticas, incluyendo la preocupación por la mercantilización del cuerpo humano y el desvío de recursos e investigaciones que podrían destinarse a erradicar enfermedades crónicas o mejorar la salud general de la población.
Se cuestiona hasta qué punto el deseo humano de vivir eternamente puede sobrepasar los límites éticos y si vale la pena sacrificar el disfrute de la vida bajo regímenes de medicación extrema, dietas ultra estrictas y obsesión por alargarla.