Se plantea la expectativa de si, con el cambio de gobierno y la relación con Estados Unidos, otros países colaborarán en la reconstrucción y asistencia en Venezuela. Se considera que la falta de equipamiento y tradición sísmica del país harán necesaria esta ayuda.
Se compara la magnitud del sismo actual (estimado en 7.5 grados) con el terremoto de 1967 (6.5 grados), indicando que el actual fue un grado más fuerte. Se menciona que Venezuela no es un país sísmico y que la política pública para exigir sistemas antisísmicos fue escasa.