Se revela un episodio de presunta coacción por parte de Manuel Adorni para desalojar a un inquilino de una propiedad que deseaba comprar.
Según se relata, Adorni habría pagado 50.000 dólares en efectivo al inquilino para que abandonara la casa, la cual luego fue demolida para construir una nueva. Este accionar es presentado como un ejemplo de la impunidad y el poder que Adorni ejercería.
Se cuestiona si el inquilino debería ser llamado a declarar por la justicia, y se compara esta situación con los presuntos amedrentamientos que sufren testigos clave en otras causas, como Tabar.