La sucesión de primeros ministros en Reino Unido ha sido una constante desde Gordon Brown, marcando una tendencia de mandatos breves, a diferencia de figuras como Margaret Thatcher o Tony Blair. La renuncia de Keir Starmer se suma a esta volatilidad política.
El Brexit, aunque no el único culpable, ha exacerbado la inestabilidad, coincidiendo con eventos globales como la pandemia de COVID-19 y la guerra de Ucrania. Estos factores han puesto a prueba a los líderes británicos, generando un panorama de incertidumbre.