Se relata un escalofriante testimonio de un vecino que escuchó a los delincuentes gritar " mátalo, mátalo" mientras atacaban a Lautaro. Este hecho, sumado a la frialdad con la que actuaron, genera indignación y cuestionamientos sobre la falta de empatía y el desprecio por la vida humana.
Se reflexiona sobre la reeducación de los delincuentes y la impunidad que a menudo los rodea, mientras familias como la de Marcelo ven sus vidas arruinadas. El caso de Lautaro, un joven de 17 años con un futuro prometedor, se suma a la larga lista de víctimas de la inseguridad.