Los hinchas de Uzbekistán robaron protagonismo en el Mundial con sus coloridos y originales atuendos, rindiendo homenaje a las tradiciones de su país.
Llegaron al estadio con armaduras y a caballo, emulando a los temibles catafractos que luchaban en la antigüedad, buscando romper las filas enemigas con su imponente presencia.
A pesar de que sus jugadores no lograron destacar en el campo, la hinchada uzbeka demostró un fervor inigualable, aportando un espectáculo aparte y añadiendo color a la Copa del Mundo.