Se reflexiona sobre el profundo cambio en la vida del evangelista Moody, atribuido a la acción del Espíritu Santo. Se sugiere que el mundo aún no ha visto el potencial de lo que Dios puede hacer a través de una persona completamente consagrada a Él.
Se hace un llamado a ser esa persona, a rendirse y consagrarse sin reservas a Dios, confiando plenamente en el poder del Espíritu Santo. Se afirma que esta entrega puede permitir experimentar el gran mover de Dios en nuestros tiempos.